La Escuela de Padres lanzó su ciclo anual de charlas destinadas a miembros de las Comunidades Educativas del Jardín “La Hormiguita Viajera” y el Colegio de la Ribera. La primera disertación referida a “Tecnofilia: la adicción a la tecnología” estuvo a cargo del neuropsicologo Belisario Arevalo, con el apoyo profesional de la psicopedagoga institucional Ana Costa Ankenbrand.

“Es un concepto que engloba diferentes tipos de adicciones, todas ellas referidas a la tecnología. Etimológicamente, proviene del griego τέχνη (tekhné = arte, técnica u oficio) y λόγος (logos = estudio, discurso, tratado) y φιλία – philia, «amistad». En este caso, las personas dependen en forma excesiva del uso de la tecnología, a tal punto de que no pueden separarse de ella”, explicó Arevalo al inicio de su exposición.

Afirmó que “si bien hubo un paradigma en el siglo XIX, donde la humanidad fantaseaba que en algún momento la tecnología iba a complacer todos los caprichos e iba a satisfacer todas las necesidades humanas, evidentemente la pérdida de algunas actividades por su remplazo por la tecnología ha ocasionado diferentes tipos de trastornos. En el caso de la tecnofilia hay por un lado una adicción a internet, a las redes sociales, una adicción a las tablets, los celulares, las computadoras, y otros implementos tecnológicos, pero ¿cuándo podemos determinar que una conducta es adictiva o no? ¿Cómo podemos saber que se trata de un uso recreativo o utilitario?”

En ese sentido, remarcó que “buscamos el diagnóstico neuropsicológico para poder determinar cuándo es una adicción”, aclarando que “una conducta o el consumo de una substancia se vuelve adictiva cuando el ser humano deja de hacer algunas actividades de su vida cotidiana por la actividad que tiene que ver con la adicción”.

Advirtió que “los adolescentes y los niños son los más expuestos al abuso de la tecnología y a su adicción, ya que muchas veces priorizan la actividad lúdica sobre otras, cuando prefieren un juego electrónico en vez de una actividad física. Esto denota una pérdida del bienestar de esa persona en perjuicio de su propio equilibrio psicofísico”. Al respecto, recordó el caso de un joven que murió por pasarse más de dos días conectado a la computadora.

 

“También es cierto que los adultos pueden tener conductas adictivas hacia la tecnología, sobre todo en aquellos juegos en línea como el póker u otros juegos que implican también no solamente una pérdida de tiempo sino también de dinero”, puntualizó el licenciado Arévalo, a la hora de marcar que no hay edades para la adicción a la tecnología, señalando que “como adultos debemos dar el ejemplo, no podemos censurar el uso de los celulares a nuestros hijos, cuando nosotros -con la excusa del trabajo- no somos capaces de soltarlos”

“En resumen, la tecnofilia es algo que puede afectar a cualquiera, sólo por el simple hecho de ser usuario de la tecnología. Por eso, es muy importante, entonces, ser conscientes, que todo lo que hagamos fuera de la mesura puede llevarnos a alguna adicción, como decían los griegos “nada en demasía”, resaltó.

“En algunos países como Corea del Sur – agregó- se han realizado programas donde algunos niños y adolescentes concurren a una serie de actividades al aire libre sin ningún contacto con la tecnología. No estaría mal hacer algo así en el Colegio”, propuso.

Belisario Arévalo concluyó su conferencia con una frase de Albert Einstein: “temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad; el mundo solo tendrá una generación de idiotas”. “Ojalá no lo haya dicho por nosotros”, reflexionó.

 

 

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