“El programa de Educación Emocional permite el desarrollo integral de las personas, es por esto que desde la institución buscamos siempre mejorar los dispositivos para implementarlo. Creemos que este es el camino para que nuestros alumnos puedan desplegar al máximo sus potencialidades y es nuestra tarea acompañarlos en este camino”.  Así lo señaló la licenciada en psicopedagogía, Ana Costa Ankenbrand, responsable del Departamento de Orientación y Tutoría del Colegio de la Ribera.

La psicopedagoga institucional, conjuntamente con la licenciada en psicología, Analía Barrios, conforman el equipo profesional que viene trabajando hace varios años con esta innovadora propuesta educativa, al destacar que “nuestro proyecto pedagógico nos da el marco para promover saberes y habilidades para que los niños puedan desarrollarse plenamente, tomar decisiones conscientes y elaborar un juicio critico que luego pondrán en práctica al llevar a cabo su proyecto de vida.”

“Esto se realiza teniendo en cuenta los intereses de los alumnos y escuchando siempre sus inquietudes. El espacio se caracteriza principalmente por permitir el dialogo siempre en un marco de respeto donde cada uno pueda exponer sus ideas y expresar sus emociones. El objetivo general es la reflexión y valoración de los sentimientos presentes en las relaciones entre las personas”, resaltó.

La licenciada Costa Akenbrand precisó que “el proyecto de Educación Emocional se implementa desde el nivel inicial adecuando siempre los temas abordados a las realidades de los niños y utilizando siempre las palabras que permitan su comprensión teniendo en cuenta las edades en cada nivel. Los contenidos se presentan en forma transversal en todos los espacios formativos y también a través de talleres exclusivos a la temática”.

Manifestó que “el objetivo principal del proyecto es desarrollar en los niños un adecuado nivel de Inteligencia Emocional. Esto se refleja en la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de motivarnos y de manejar bien las emociones, en nosotros mismos y en nuestras relaciones”

“Esto repercute directamente en la calidad de la enseñanza y los aprendizajes, ya que permite un clima de trabajo equitativo e inclusivo. Los niños de esta manera pueden desarrollar valores humanos esenciales, que luego se reflejan en las relaciones de convivencia familiar y escolar; haciéndolas más armónicas”, puntualizó.

La profesional aclaró que “si bien estos primeros pasos los damos en el nivel inicial, luego repercuten más adelante en la capacidad de concretar proyectos de vida y participar activamente en la sociedad. En este sentido, seguimos educando emocionalmente en todos los niveles; concluyendo en el secundario con la visualización de este proyecto a través del espacio de orientación vocacional.”

Contó que “en el nivel inicial nos enfocamos con la puesta en práctica de varias habilidades relacionadas al desarrollo emocional.  Las actividades son lúdicas, adecuadas a la edad y lenguaje de los alumnos y tienen que ver con las primeras pautas de identificación de las emociones en el contexto en el que aparecen. También trabajamos para lograr la adecuada expresión de las mismas y las primeras etapas del autocontrol. Esto tiene que ver con la habilidad de autoconocimiento y reflexión personal”

Finalmente, Costa Ankenbrand indicó que “otro aspecto importante es la relación con los pares y adultos, en este sentido fortalecemos y consolidamos la empatía y las habilidades sociales. El conocimiento de las normas de convivencia y tener pautas claras para poder comportarse, ayuda a los niños a generar vínculos sociales más estables”.

 

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