Para hacer un recorrido por su paso en el Colegio de la Ribera, el odontólogo Lucas Gómez nos respondió algunas preguntas.  Primeramente  sostuvo que cree que al igual que la mayoría de los estudiantes, la elección del colegio fue en realidad decisión de sus padres, de todos modos estuvo de acuerdo porque sus amigos también iban al mismo establecimiento.

Fueron  la primera promoción, el edificio era nuevo aunque con menos aulas al principio. Destacó que siempre contó con sala de informática, conexión a internet y equipos de última generación. Algo que no era habitual hace 15 años.

“La verdad que fue excelente la metodología de enseñanza planteada por los directivos y la manera en que el equipo docente preparaba las clases, evitando los aprendizajes de memoria y fortaleciendo el pensamiento crítico y sobretodo los valores”, recuerda.

Todo eso sumado a exigencias como la presentación de monografías con la obligación de exponerla ante sus compañeros e incluso las participaciones en ferias de ciencias así como diversas actividades extracurriculares le facilitó el desenvolvimiento en el ámbito universitario.

En cuanto a los horarios nos contó que a la mañana se desarrollaban las materias de la currícula y por la tarde 2 o 3 veces por semana (no lo recuerda bien) tenían los talleres, lo que sí destacó es la individualización de cada alumno en la aparición de problemas durante el aprendizaje, que cuando eran diagnosticados por los directivos se creaban nuevos talleres y se formaban grupos de estudio para fortalecer los contenidos dados durante la mañana.

Tuvieron muchos  Talleres y de todos  aprovechaban sus contenidos,  pero destacó uno en particular que era dictado por el Ing. Eugenio Bonnet, que de más está decir su excelencia como profesor y humildad como persona. “Tantas cosas aprendí con el que necesitaríamos toda otra entrevista para contarlo. Pero lo puedo resumir en que gracias a ese taller comprendí de manera integral conceptos de física, electricidad, electrónica, energía y un largo etcétera. Además logré destreza manual en el uso de distintas herramientas. Espero que ese taller siga existiendo porque considero que es indispensable para cualquier persona independiente de la carrera que elija en un futuro”.

Hizo hincapié en que los profesores les exigían pero a su vez colaboraban en todo lo que necesitaban. Destacó el mutuo respeto entre docentes y alumnos que es primordial y en su curso eso nunca representó un problema. Llevarse una materia o salir mal en un examen significaba simplemente acercarse al docente para consultarle que les recomendaba volver a repasar o que les aclare las dudas si algo interpretaban mal.

Éramos 19 alumnos, y en su curso había tres grupos de amigos bien diferenciados. Si bien siempre todos se llevaban bien solo se  siguieron viendo con nuestros respectivos grupos.

Recuerda los viajes a la feria del libro, a Misiones, al Parque de la Costa y por supuesto a Bariloche. A nivel académico los más importantes fueron a la feria del libro, creo que fuimos tres veces, pero en todos ellos uno aprende valores como el compañerismo y responsabilidad. Además que sirve para conocernos mejor tanto entre compañeros como con los docentes que nos acompañan.

Para los futuros egresados yo diría que, mi caso particular yo tenía definido lo que quería estudiar, pero la Orientación Vocacional  me sirvió para confirmar que no me estaba equivocando. Considero que es muy importante realizarla y al menos un año antes de empezar la universidad. Así uno al ya tener definido que va a estudiar, puede ir preparándose para los distintos exámenes.

Autor: Gino Zanello Beccari (4° año)