El Día del Aborigen Americano se celebra cada año en conmemoración al Congreso Indigenista Interamericano celebrado en México, el 19 de abril de 1940. Dicho congreso fue convocado en la ciudad de Patzquaro por el entonces presidente mexicano Lázaro Cárdenas; quién era a su vez descendiente de aborígenes.

Por su parte, Argentina reconoció esa fecha cinco años más tarde, aunque los derechos de los aborígenes distaron mucho de ser una prioridad a nivel gubernamental.

Recién con la reforma constitucional de 1994 se comenzó a cambiar esta tendencia, ya que en su artículo 75 se incluyó entre las responsabilidades del Congreso Nacional el reconocimiento de la preexistencia étnica y cultural de los pueblos originarios, el derecho y respeto a su identidad, como así también a una educación bilingüe e intercultural. Reconociendo a su vez la personería jurídica de sus comunidades, la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocuparon; entre otros de sus derechos.

Formosa fue pionera en el reconocimiento legal de los pueblos originarios como sujetos de derecho. La Ley Provincial número 426, de 1984, introdujo la novedosa figura de la propiedad comunitaria de la tierra, no prevista en ningún precepto constitucional y recién incorporada en el ámbito nacional en el Código Civil y Comercial de 2015. La carta magna formoseña de 1991 le dio rango constitucional a todos estos derechos, y la reforma de 2003 fue aún más allá al incluir a la población aborigen en su preámbulo.

Repartidas a lo largo del territorio formoseño, hoy existen cerca de 200 comunidades de los pueblos originarios: Wichís, Pilagás, Qom y Nivaclé. Muchos de ellos tienen menos de un siglo de contacto con la población criolla, ya que en el interior de la provincia recién comenzaron a fundarse pueblos con la construcción de la línea ferroviaria Formosa-Embarcación (Salta), que se finalizó en 1931. Inclusive durante varias décadas más, el intercambio fue mínimo. Esto llevó a que las diferentes etnias lograran conservar sus costumbres y su lengua como en ningún otro lugar del país. Cada uno de estos grupos tiene su idioma, que a diferencia de lo que ha sucedido en otras provincias argentinas y en otros países latinoamericanos, se ha conservado vivo hasta hoy y es hablado por todos sus miembros, inclusive con dialectos que totalizan 17 variantes.

Desde nuestro lugar, nos cabe trabajar al lado de ellos, respetarlos, valorar su cultura, sus valores, sus costumbres y aprender de ellos, que supieron mantener el legado de sus antepasados durante siglos, y que aman y respetan a la Madre tierra como su infinita benefactora.