El Día del Inmigrante fue establecido mediante el Decreto Nº 21.430 del año 1949, siendo presidente Juan Domingo Perón. Se eligió esa fecha para recordar la llegada de los inmigrantes del país en recuerdo de la disposición dictada por el Primer Triunvirato en esa fecha de 1812.

El decreto del Primer Triunvirato estipulaba que el gobierno argentino ofrecía su inmediata protección a los individuos de todas las naciones y a sus familias, que quisieran fijar su domicilio en el territorio del Estado, asegurándoles el pleno goce de los derechos del hombre en sociedad con tal de que no perturbaran la tranquilidad pública y respeten las leyes del país. Se creó una comisión de inmigración que constituyó la primera entidad establecida para fomentar la inmigración y colonización del territorio. Las guerras de la independencia impidieron su funcionamiento, aunque fue reactivada años más tarde, cuando Bernardino Rivadavia fuera ministro del gobierno de Buenos Aires, en 1824. Fue disuelta el 20 de agosto de 1830 por orden de Juan Manuel de Rosas.

El preámbulo de la Constitución de la Nación Argentina hace referencia, desde 1853, a “todos los habitantes del mundo que quieran habitar el suelo argentino” y en su artículo 25 reafirmaba el fomento a la inmigración: “El gobierno federal fomentará la inmigración europea y no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir y enseñar las ciencias y las artes“.

El decreto de 1949 expresa que el documento del Triunvirato “fue, en verdad, el punto de partida de una ininterrumpida serie de actos de gobierno; que a través de leyes, decretos y reglamentaciones estimuló, protegió y encauzó la inmigración” y destaca “…la conveniencia de que se rinda un permanente y público homenaje al inmigrante de todas las épocas, que sumó sus esperanzas a la de los argentinos, que regó la tierra con su sudor honrado, que ennobleció las artes, mejoró las industrias…”.

VILLA FORMOSA

Al efectuar el reconocimiento de las riberas formoseñas en 1879, Luis Jorge Fontana tuvo en cuenta las exigencias de la estrategia militar, el comercio y la colonización. En el informe presentado al gobernador del Chaco, Lucio V. Mansilla, indicaba que el lugar elegido para la fundación de una villa y el establecimiento de una colonia era precisamente Formosa, apto por la calidad de las maderas y de los pastos y porque allí podrían prosperar diversos cultivos.

Apenas instalado el pueblo fueron radicándose familias de inmigrantes, especialmente de italianos y austriacos. El gobernador José María Uriburu afirmaba que los primeros colonos “a su llegada a Formosa han sufrido epidemias, viviendo meses enteros en carpas al lado de la barranca; se los colocó en los peores terrenos, y a fuerza de constancia y laboriosidad han hecho poblaciones en donde hoy (1898) con los mayores recursos nadie quiere establecerse”.

Los informantes coinciden en señalar que al llegar a la villa la mayoría de los inmigrantes vieron frustradas sus esperanzas; la amargura y el desánimo los atrapó al ver el monte y las sabandijas y comprobar la soledad que los rodeaba. No faltó en ese momento que alguna mujer cayera víctima de una estado depresivo. Los que aún poseían un poco de dinero regresaron, pero el resto quedó para afrontar con valentía la nueva vida. El objetivo del viaje era “hacer la América ahora estaban en ella”. Al quedar desalojada Villa Occidental en 1879 algunos italianos pasaron también a la nueva capital de la Gobernación del Chaco: Formosa.

Las cifras que conocemos, publicadas en los periódicos de la época, deben ser estudiadas más detenidamente.

LAS FAMILIAS

Hemos esbozado un listado de nombres de familias de los inmigrantes que poblaron la colonia durante la etapa fundacional. Algunos apellidos han desparecido, lo cual quiere significar que no han dejado descendencia o han abandonado el lugar o, en otros casos, se refieren a mujeres. Existen inconvenientes para elaborar una nómina completa, pues muchos apellidos quedaron registrados tal como eran pronunciados o en otros casos, el registro que hacían los funcionarios deformaban los apellidos.

En una publicación editada en ocasión del Cincuentenario de fundación de la ciudad de Formosa (1929), auspiciada por la Asociación Italiana de S.M: “Savoia”, queda expresada una interesente referencia a los italianos que lograron su radicación en este sitio. También elaboró un listado Alejandro Cecotto en su “Historia de Formosa” publicada en 1957.

No todos los inmigrantes que llegaron a Formosa sabían leer y redactar, algunos apenas sabían firmar y otros no escribían sus nombres. El flujo de estos extranjeros se produjo ya sea en forma individual o conjuntamente con sus familiares. Los nuevos matrimonios, gestados en tierra formoseña, quedaron conformados entre los mismo miembros de la colectividad, dejando numerosos descendencia. Los hombres no buscaron sus esposas en la villa porque era muy pequeña y en un principio era considerada como un asentamiento militar.

La vida familiar se genera y se desarrolla en la colonia, logrando en la villa satisfacer otras necesidades (comerciales y religiosas principalmente)..

Con la ayuda de los registros parroquiales hemos elaborado un listado de familias, del cual solo damos aquí una nómina parcial a manera de ejemplificación. Los nombres de familias que han quedado documentadas en Villa Occidental y que luego se repiten en Formosa son:

Demarchi, Gemetro, Ferrari, Morra, Zambrini, Llorenti, Pizzutto, Giacopini, Giamelli, Moiraghi y Terantini.

Los que aparecen en la villa y colonia Formosa son:

Ambrosio, Achille, Abate, Aloisietti, Agostini o D’Agostini, Bibolini, Bin, Binda, Brunelli, Bertuol, Beninca, Brovedan, Bonaccio, Capra, Capello, Cragnolini, Colussi, Canesín, Ckiuki, Cassani, Crsitanchi, Camaratta, Cecotto, Ciconet, Del Turco, Del Vito, D’Augero, Dal Farra o Dalfaro, Dell’Agnolo, Dambra, Danieri, Fantoni, Facchini, Filipigh, Fantini, Giorgini, Carlago, Gon, Giacopello, Gada, Lischetti, Lecirsa, Lavecchia, Lotto y Loadles.

El grupo se acrecienta con Marighetti, Malich, Migliarino, Moiraghi, Montibeller, Martini, Mosetich, Malgarini, Maglietti, Montesano, Marchi, Mantovani, Nicolini, Oclepo, Oliva, Parola, Princich, Pellizario, Puccini, Paulina, Pernochi, Rigonatto, Reolón, Rossan Ramella Rinaldello, Stefani, Sinchich, Sperandío, Sbardella, Savaris, Somacal, Torresani, Tumburús, Traghetti, Venica, Vallarrey, Zanín y Cobetto. La nómina puede ser ampliada con Doilio, Colondrelli, Dacunte y Demichelis.

PROCEDENCIA

De acuerdo con los rastreos efectuados ha sido comprobado que los inmigrantes procedían de las siguiente regiones: Piamonte, Lombardía, Véneto, Tirol. Friuli-Venecia Julia, Toscana, Abruzos, Liguria, Trentino, Marcas, Cerdeña, Basilicara, Sicilia, Emilia-Romaña, Capañia y Calabria. En cuanto a las provincias quedan registradas Turín, Venecia, Udine, como Belluno, Gorizia, Milán, Trento, Génova, Roma, Bérgamo Nápoles, Trieste, Teggio Calabria, Alejandría y la Spezia.

ACTIVIDADES

El emigrante italiano trabajó en Formosa como agricultor, constructor, ganadero, comerciante, hotelero, industrial, carpintero, empleado público, de compañía fluvial o de comercio, oficial de ejército o de policía, obrajero, técnico, maestro, músico, médico, zapatero, cocinero, farmacéutico, empleado en la construcción del ferrocarril, agrimensor, herrero, sastre, ladrillero, contador, agrónomo, carbonero, artesano, jornalero, constructor naval, etc.

Las mujeres también trabajaban en la chacra en le huerta, el tambo, en los quehaceres domésticos, como parteras, cocineras, modistas y en los trabajos más variados ayudando al hombre. Aún no se ha elaborado un estudio más profundo del papel de la mujer en la vida formoseña.